Cada objeto que nos rodea, inerte o no, vibra a determinada frecuencia, cambiando constantemente sin que lo podamos percibir. Para el oído y el ojo humano es imposible detectar dichos cambios, y estos, sin embargo, siguen sucediendo. El hecho científico es fenomenal, pero que nosotros podamos hacer lo mismo con nuestras vidas es increíble ¡Podemos cambiar sin que los demás lo perciban!
Existen experiencias que nos marcan de por vida, que nos dan o roban alegría y felicidad, que nos inundan de una variedad infinita de sensaciones. Dichas vivencias muchas veces nos hacen dejar de lado nuestras vibraciones, y por ende, no cambiamos sino que nos estancamos. Así como quien les escribe ahora, todos hemos estado en esa situación. No es un tema menor, dejar de vibrar es no irradiar lo que somos, es dejar de luchar, no esforzarse más y continuar arrastrando un pasado que pudo ser mejor. Ese pasado tiene nombres definidos: experiencias malas, experiencias pendientes, personas que se nos escurrieron y los "hubiera" son solo algunos ejemplos. ¿Ven porqué es esencial que vibremos siempre?
Es acá, cuando nos estancamos sin vibrar, donde entramos en tiempos de reconstrucción. Así como se levantan las casas después de un terremoto debemos empezar por revisar nuestros cimientos ¿Quien soy? ¿Que soy para los demás? ¿Que tengo para ofrecerle a los que me rodean? y aún más importante ¿qué tengo para ofrecerme a mí mismo?. No es fácil respondernos todas las preguntas y tener claro cuales son nuestras bases, más que todo porque tendemos a caer en la subjetividad. Sin embargo, con cero vibración y todo caído la reconstrucción debe comenzar.
Reconstruirse conlleva cambio, al cual muchas veces tenemos miedo porque creemos que el mismo implica mostrarnos diferentes ante el mundo... sin embargo, no es así. Al inicio se mencionó que podemos cambiar sin que los demás lo perciban. Es ese el concepto esencial de nuestra reconstrucción: un cambio de vibraciones internas que nos ayudan a levantarnos e iniciar nuestra reconstrucción sin mayor impacto en los demás. Para bien o para mal las experiencias marcan, lo mismo sucede cuando nos formamos de nuevo en esa reconstrucción, y por ello la importancia de hacerlo sin perjudicar a terceros.
En el proceso de reconstrucción, nosotros en el papel de maestro de obras, tenemos el derecho a conservar nuestras tristezas, miedos, dolores y arrepentimientos en el interior de la estructura, y mostrar una fachada que ilumine y contagie de energía a los demás, o bien un exterior que conserve lo que eramos antes de iniciar el levantamiento de la obra. Es fundamental que lo que dejamos en el interior no dañe la estructura, sino que las mantengamos ahí con el único fin de aprender de esas emociones y experiencias para luego hacer algo al respecto.
No conserve algo que maltrate su interior, sino algo que le enseñe a ser mejor desde adentro y hacia afuera.
Cuando estemos seguros de que hemos finalizado nuestra reconstrucción es hora de retomar acción, empezar a vibrar y seguir nuestro constante cambio. Esta etapa del proceso cuenta con mucha apertura, por lo que el reconstruido puede elegir que rumbo tomar: cambiar completamente su camino y encontrar personas que vibren en su misma frecuencia o volver al camino y a las vidas de las cuales se salió. Personalmente siento que un mix de ambos es la adecuada, porque siempre tendremos personas y experiencias nuevas por vivir al mismo tiempo que personas y experiencias a las cuales queremos volver.
Definitivamente reconstruirse no es fácil, es de valientes que deciden explorar cual es su esencia para luego intentar dar de sí solo lo mejor al mundo. Dejando dentro de la construcción los males que aquejan, y mejor aún, haciendo de ellos un aprendizaje, tomando acción sobre cada uno para hacerlos insignificantes entre la belleza de nuestra obra.
¡Sigamos reconstruyéndonos!

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