"te espero en páginas no escritas"
-Anónimo
Cuando se tiene una meta a largo o mediano plazo, por ejemplo una carrera universitaria, se tiende a no disfrutar el camino, a reclamar lo mucho que falta, el esfuerzo hiperbólico que requiere, el tiempo que nos quita o la lejanía que provoca con los viejos amigos; cualquiera de las anteriores resulta una buena excusa para desaprovechar oportunidades y dejar desapercibidos los detalles que nos brinda la ruta hacia el objetivo. Ante ello, la recomendación es simple. Deténgase, observe...
Al tomarse el tiempo, valioso por cierto, usted esta madrugando en el mundo de las oportunidades. Estas se traducen en nuevos amigos, en aprender algo nuevo, en compartir tiempo extra con quien jamás pensó, en muestras de cariño inesperadas, es decir, en chances que solo deteniéndose logrará aprovechar. Sabido esto, dedique más minutos a detenerse en el camino, dejando de lado la prisa por llegar al final.
Traslademos la dimensión, y mire su metas desde otra perspectiva. Imagine que el recorrido para llegar a ellas está plagado de las actividades y personas que, por una u otra razón, deseó encontrarse en el camino. Al verse en un lugar tan espléndido, donde no hay nada más que hacer que eso que usted tanto ama, donde solo hay personas con las que quiso compartir la marcha, surge la segunda pregunta del auto examen ¿Querrá apresurar el paso y alcanzar sus objetivos con prontitud? Es casi seguro que su respuesta, al igual que la mía, es un contunde no, lleno de convicción. Y no nos culpemos, total ¿quien querría, en su sano juicio, salir con prisa de un camino casi perfecto?
Vaya sorpresa cuando descubrimos que esa ruta, con cierto rocío utópico y perfeccionista, es la espera. Esa misma desgraciada que nos roba la paz en la parada del autobús cuando este no pasa pronto, esa misma que no tiene madre y nos priva de cosas tan pequeñas (pero significativas) como lo es un beso, esa misma que nos alarga el tiempo y hace del reloj un aparato odioso. ¡Esa misma! la espera, la que nadie disfruta por estar apresurado y perseguir afanosamente un final que tan siquiera está garantizado. ¡Esa misma! la espera causante de lagunas mentales, que nos hacen olvidar que las oportunidades son como un amanecer, donde si esperamos mucho nos lo perdemos. ¡Esa misma! la espera, la que se debe gozar sin premisas ni imposiciones, riendo de sus alargados minutos, aprovechando sus extensas horas, viviendo sus infinitos días.
Dicho esto, la tercer pregunta del auto examen sería casi obligatoria ¿Vemos ahora la espera como un obstáculo? Muchos dirán que si con tal de ver resultados inmediatos, otros, con lo aprendido, dirán que no, prefiriendo un camino agradable antes que un final aún inseguro.
Si lo suyo, como lo mío, no es esperar, reflexione: ¿Para qué alcanzar una meta intangible, si aún tenemos una espera por disfrutar?

Por esto mismo disfrutar del camino es casi tan obligatorio como llegar a la meta. Una vez más, sos un crack! y ¡a disfrutar la espera!
ResponderBorrarJaja! Ay Dani.. me alegrás la entrada con ese comentario. Y asi como ambas son obligatorias, también son para el disfrute. Por el momento será disfrutar la espera como bien lo decís. No queda más.
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