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La fábrica de miedos



¿Ha sentido ese temor incómodo por encontrarse en la calle a una persona en específico? Pues yo sí. ¿Ha experimentado ese miedo por no estar preparado para algo? Yo si. ¿Ha tenido ese terror de sentirse menos? Yo también. Si su respuesta la formaron tres "si" provenientes de su voz interior le doy la bienvenida al club; es usted una fábrica de miedos.

Quienes componen dicho club tienden a ser personas inseguras por dentro, y muy seguras por fuera; a mostrar su fortaleza con la frente en alto y a esconder sus debilidades hasta encontrar la almohada. Es lamentable que las personas no se muestran tal cual son, sería una vida espectacular, llena de una transparente convivencia y encontronazos de sinceridad.

Muchos no se quieren topar a la ex pareja, por un temor infundido a verla(o) mejor; otros no quieren ver ni en óleo a aquel que alguna vez fue su amigo y que, por esas cosas de la vida, ya no lo fue más. Para las primeras parece que existe un día de "Aparición del ex", ya que todas(os) deciden aparecer el mismo día, mientras que para los segundos debería de existir una notificación de GPS, que evite esos momentos llenos de incomodidad frente a ellos.

Pero ante la fabricación de tanto miedo surge la interrogante ¿Por qué temer a cosas que, en el papel, son absurdas? La respuesta se refugia en la implacable inseguridad, en no convencerse a sí mismo de que en la vida las personas pasan, y dejan huella en nuestra marcha, con algún propósito, el cuál solo el tiempo revelará. Así que a modo de recomendación: Enfrente sus miedos y sea paciente, porque a su ex pareja se la puede topar en cualquier recuerdo sobre el buró, y su ex amigo en cualquier momento que le alegró.

No pretendo eliminar sus miedos con esta reflexión, eso sería exonerarlo de algo tan humano como amar, solo deseo convercerlo de que afrontando las situaciones con sinceridad, valentía, y ¿por qué no? resignación, logrará mostrarse tal cual usted es, tan puro como lo parieron, siendo tan usted que no sería capaz de reconocerse a si mismo. Su mejor versión está llena de verdad, de autenticidad, de seguridad y confrontación; no de apariencias, gestos esquivos o condescendencia en su discurso.

Hoy quien les escribe enfrentó ambos miedos y descubrió la cura en hacerle frente a ambos temores, en ser él y nada más, en mostrarse como se sentía y no como deseaba aparentar. No se sí se siente bien, pero le garantizo que se siente mejor que hacer lo contrario.

Quisiera ser constante, mantener el hilo, y recordarle una vez más que la vida se disfruta sin las ataduras del miedo, sin los nudos del temor, con espontaneidad y valentía. Total, todos somos una fábrica de miedos, y debemos aprender a controlar lo que nosotros mismos nos creamos. Por tanto, no cierre la fábrica, solo no compre lo que produce.

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