El hombre de hoy es aquel que busca cultivar en el corazón de aquella dama una pequeña semilla, la cual más adelante dará algún fruto. Póngale el nombre que quiera: amistad, noviazgo, aventura; todo menos embarazo.
El hombre de hoy no es aquel apresurado "conquistador". Primero, porque a la mujer no se le conquista como a un territorio en tiempos de guerra, sino que se le convence de luchar al lado nuestro; y segundo, porque apresurarse solamente garantiza un choque en la marcha del "conocernos".
Ahora que sabemos algo del hombre de hoy, enamoremos, sin apariencias, reforestando. No hace falta ser mujer para saber que en su gran mayoría ellas no buscan espejismos, sino realidades, y lo peor (para nosotros), lo saben diferenciar. Por lo tanto, llegamos a un concilio: no vamos a aparentar, vamos a sembrar.
[1] Cuando se va a plantar un árbol primero se abre camino, pero no a la fuerza, sino en tierra blanda, para no maltratar el terreno y no maltratarse la manos. De igual manera, cuando un hombre quiera enamorar deberá primero ablandar el corazón de quien pretende, para no maltratarse él y no forzarla a ella.
[2] Cuando se logra sembrar la planta, esta crecerá con ayuda de luz y a medida que sea regada. Sin embargo, incrementar la dosis de sol y agua diaria no garantiza que crezca más rápido, por tanto se debe ser paciente. Del mismo modo, cuando el hombre quiera enamorar deberá alimentar lo cultivado moderadamente, sin excedentes; ya que estos últimos no reflejarán resultados más próximos.
[3] Cuando el árbol ha crecido este da frutos. Como usted cavó, sembró y cuidó ese árbol sabrá que puede tomar, con cierta delicadeza y amor propio, uno de los frutos, a sabiendas de ser el orgulloso agricultor. Asimismo, cuando el hombre vea los resultados de su ablandamiento, su paciencia y su cuido sentirá un orgullo compartido con la mujer que hoy lo llevó por ese camino. Los frutos serán sus besos, su calidez única, sus abrazos, y lo mejor, la raíz será el amor, porque esta nunca cesa de crecer en esa extraordinaria planta llamada mujer.
[4] Lo que no le garantizo es que la planta no sea una rosa, y que esta no tenga espinas. También es necesario saber que ellas son plantas capaces de crecer por sí solas, que no precisan de nosotros. Es decir, no siempre se debe andar sembrando, ya que los tiempos adecuados llegan cuando quieren y no cuando queremos. El clima perfecto para cultivar se da por sí solo, no es posible forzarlo. Dicho eso, aprenda a darle fluidez a esos encuentros casuales con esa mujer, y no arme a empujones los escenarios para que estos parezcan casualidades.
Acá, y en cualquier cuestión de vida, no hay pasos a seguir, no existe un manual que indique un infalible camino al éxito, menos cuando sabemos que la gama de personalidades es amplia, infinita y en continua regeneración. Sin embargo, existen generalidades, para bien y para mal, que sabiendo observarlas son de gran utilidad. Son leyes de vida compactadas, escondidas pero brillando, vistas solo por los hombres y mujeres de hoy, esos grandes cultivadores de éxito reforestando la ilusión.

Del 1 al 10, esto tiene un 11!
ResponderBorrarY vos un 20 por el comentario. Gracias Dani.
BorrarRafa y yo ya estoy esperando tu primer libro. Excelente blog.
ResponderBorrarMuchas gracias Emmanuel. Espero que algún día el libro sea una realidad.
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