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Llegan tarde las personas, mas no los motivos.

Desde la mejor noche, y hasta en el peor día, de manera atinada o poco oportunista, hay seres, llamados en nuestro idioma "personas", que aterrizan en la vida de uno. ¡Si sí! De uno que va por ahí haciendo más planes que proyectos de vida, pensando más a corto que a largo plazo. Pues bueno, entre semana y semana, ya dejando de lado los días, alguien más decidió aterrizar en la mía sin pedir permiso a la torre de control que maneja nuestra razón. Dicen que no pedir ese permiso es la mejor manera de entrar en los días de alguien, y pues hace ya un ambiguo ratito eso sucedió conmigo.
Siendo irreverente uno le quiere lanzar la pregunta a alguien, encontrárselo en la calle y arrojar un ¿Nunca ha sentido que usted llegó tarde a la vida de alguien? Es una lástima que esas cosas en la acera no sucedan.
Imagíneselo, siéntalo, no es algo propio, puesto que a mucha gente le ha pasado. Y a pesar de que esa persona llegó tarde a su vida (o a la mía), siempre hay un motivo, una razón, la cual quizás esta fuera de sus objetivos cuando decidió conocer más a ese(a) impuntual de la vida. Es decir, puede obtener una amistad de donde usted quiere amor, o puede obtener amor de donde usted quiere una amistad, lo bonito de esto radica en que, en la mayoría de casos, usted no decide, sino que solo se deja guiar, o al menos intenta no salirse del camino que quizás si lo lleve a su cometido.

Entre tanto vaivén, donde unos entran y otros salen, la duda se invierte, y ahora usted se pregunta si más bien “fui yo” quien llegó tarde, en mal momento, o en tiempos tan buenos que no necesita que nadie más llegue. ¿Quién sabe? Total los motivos actúan como quieren y uno solo tiene que seguirlos.


Y sin andar muy lejos actualmente, para que preguntarse tanto si de por sí ya cierto colchonero nos recuerda que en la vida “sobran los motivos”, que para “vivir cien años” es preciso desatarse de los cuestionamientos y darle rienda suelta a lo que muchas veces la razón no puede entender. A lo anterior se le llama ser impulsivo. Y a pesar de los errores que se cometen bajo ese estado pues ¡que vivan los impulsivos! Porque sin ellos el mundo sería aburrido, y no existiría gente loca que lo detendría en la calle para preguntarle ¿Será que llegue tarde a su vida?

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