Ayer Irina y Raphl aprovecharon su viaje por una playa costarricense para subir una foto juntos, y de paso, hacer saber a sus amigos que se encuentran de vacaciones. Hasta aquí todo normal, pero si barajamos opciones surgen algunos motivos de los cuales nos sentiremos culpables. ¿La foto no es foto si no se publica?
La tecnología acecha nuestra intimidad, la ciencia aplasta a los dogmáticos y la modernidad arrasa con nuestros momentos. La realidad, cruda y dolorosa, además de incurable, dibuja una sociedad que alimenta su ego proporcionalmente a los pulgares arriba que esta reciba; interrumpe momentos importantes con suma facilidad, descontinúa la vida y las micro chispas que nos regala. ¿Quien no se ha perdido un buen momento por contestar un texto? ¿Quien no perdió el hilo de la conversación por mirar el celular? ¿Quien no ha prestado más atención a la presencia intangible de un ser humano que a la física del que tenemos al frente? Todos culpables, ¡Si! Cuantos segundos al limbo de una pantalla. Cuantas sonrisas enviadas al que está lejos, cuando pudieron regalarse a los que estaban cerca.
No aborrecemos a las facilidades que estos inmutables avances nos ofrecen, sino a los inadecuados usos que nosotros les damos. Y si, hablamos de aquellos que suben un aparato a la mesa interrumpiendo la tertulia, a aquellos que dividen la atención de su la mirada entre una pantalla y unos ojos, a aquellos que "sobredocumentan" todo y lo concentran en un microchip en lugar de filmarlo con sus ojos y almacenarlo en la memoria, esa tiene mayor capacidad y una garantía de por vida.
¿Cuando dejamos de vivir en el mundo físico para mudarnos al virtual? Contestar eso no es simple, definir el periodo de transición si: la dependencia. Si fuésemos más apegados a la espontaneidad de un abrazo y menos vigilantes de imágenes simulando uno seríamos capaces de mantenernos en el mundo físico, sin mudanzas innecesarias a otros virtuales; o si fuésemos más minuciosos con lo que dice la gente alrededor, y no con los comentarios virtuales que estos hacen entenderíamos más porqué grandes filólogos, novelistas y dramaturgos dedican sus obras a difundir la fabulosa experiencia del vivir.
Jamás pretendo abandonar mi teléfono, mi portátil o mi iPod, en ellos se encierran mis puentes hacia mis amigos, las herramientas para mis estudios y mi poesía hecha música. Lo que si pretendo es darle un uso correcto, escoger los tiempos que les puedo dedicar a ellos y el que debo darle a ustedes, a mis amigos, a mi familia, e incluso a mí. Lo mismo pretendo inculcar a ustedes, casi a modo de indirecta, mediante este texto.
Dejemos de vivir inmersos en unas cuantas pulgadas, y llenemos de vivencias nuestra biografía, no alimentemos más nuestro autoestima en likes, sino en halagos por lo que, en el mundo físico, hacemos con propiedad. Guarde en su memoria interna aquellos recuerdos que nunca le podrán robar, grabe con dos lentes de alta resolución, llamados ojos, los momentos que quiera llevarse consigo. Sienta la esencia de un instante, como se eriza la piel al calor del contacto humano, del sexo, del amor, la amistad, la algarabía, la emoción. Dejémonos cautivar por todo aquello que la tecnología jamás podrá llenar y descarguemos nuestro autoestima de donde sea que nos lleve el link de la vida.
La tecnología acecha nuestra intimidad, la ciencia aplasta a los dogmáticos y la modernidad arrasa con nuestros momentos. La realidad, cruda y dolorosa, además de incurable, dibuja una sociedad que alimenta su ego proporcionalmente a los pulgares arriba que esta reciba; interrumpe momentos importantes con suma facilidad, descontinúa la vida y las micro chispas que nos regala. ¿Quien no se ha perdido un buen momento por contestar un texto? ¿Quien no perdió el hilo de la conversación por mirar el celular? ¿Quien no ha prestado más atención a la presencia intangible de un ser humano que a la física del que tenemos al frente? Todos culpables, ¡Si! Cuantos segundos al limbo de una pantalla. Cuantas sonrisas enviadas al que está lejos, cuando pudieron regalarse a los que estaban cerca.
No aborrecemos a las facilidades que estos inmutables avances nos ofrecen, sino a los inadecuados usos que nosotros les damos. Y si, hablamos de aquellos que suben un aparato a la mesa interrumpiendo la tertulia, a aquellos que dividen la atención de su la mirada entre una pantalla y unos ojos, a aquellos que "sobredocumentan" todo y lo concentran en un microchip en lugar de filmarlo con sus ojos y almacenarlo en la memoria, esa tiene mayor capacidad y una garantía de por vida.
¿Cuando dejamos de vivir en el mundo físico para mudarnos al virtual? Contestar eso no es simple, definir el periodo de transición si: la dependencia. Si fuésemos más apegados a la espontaneidad de un abrazo y menos vigilantes de imágenes simulando uno seríamos capaces de mantenernos en el mundo físico, sin mudanzas innecesarias a otros virtuales; o si fuésemos más minuciosos con lo que dice la gente alrededor, y no con los comentarios virtuales que estos hacen entenderíamos más porqué grandes filólogos, novelistas y dramaturgos dedican sus obras a difundir la fabulosa experiencia del vivir.
Jamás pretendo abandonar mi teléfono, mi portátil o mi iPod, en ellos se encierran mis puentes hacia mis amigos, las herramientas para mis estudios y mi poesía hecha música. Lo que si pretendo es darle un uso correcto, escoger los tiempos que les puedo dedicar a ellos y el que debo darle a ustedes, a mis amigos, a mi familia, e incluso a mí. Lo mismo pretendo inculcar a ustedes, casi a modo de indirecta, mediante este texto.
Dejemos de vivir inmersos en unas cuantas pulgadas, y llenemos de vivencias nuestra biografía, no alimentemos más nuestro autoestima en likes, sino en halagos por lo que, en el mundo físico, hacemos con propiedad. Guarde en su memoria interna aquellos recuerdos que nunca le podrán robar, grabe con dos lentes de alta resolución, llamados ojos, los momentos que quiera llevarse consigo. Sienta la esencia de un instante, como se eriza la piel al calor del contacto humano, del sexo, del amor, la amistad, la algarabía, la emoción. Dejémonos cautivar por todo aquello que la tecnología jamás podrá llenar y descarguemos nuestro autoestima de donde sea que nos lleve el link de la vida.
¡Un abrazo tecnológico, que espero pronto sea presencial!

Una cosita nada más... Está G E N I A L!
ResponderBorrarSolo una cosita más... G R A C I A S
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